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Educación y FamiliaLa estrecha relación trabajo-amor
Miguel Ángel Albás (Nov 29, 2008) Educación y Familia
Para entender esta relación bastaría hacer notar la -también- estrecha relación amor-libertad. Sin amor, la libertad no es posible. No sólo porque el amor es el motor de la vida del hombre, sino también, porque sin querer (decisión de la voluntad por amor) no puedo decidir libremente. “La posible libertad de elección no está tanto en que se me ofrezcan múltiples posibilidades cuanto en que pueda querer y, de hecho, quiera”. Y sin libertad no es posible el amor, que es privativo de seres libres. Por tanto, la relación trabajo-amor es tan imprescindible, al menos, como la relación trabajo-libertad.

El trabajo humano es actividad constructiva, en cuanto se realiza en función del amor- en cuanto se pone amor en el trabajo-, porque sólo “el amor crea, construye”. Habría un motivo suficiente – al menos, para algunos que presumen de realistas- para un trabajo hecho con amor; el de que, “en resumen, el amor crea, construye, afirma, pone en la realidad”.

Es trabajo humano, el que utiliza el poder activo de la libertad- la libertad como energía, como dominio, como apertura, como iniciativa, como soltura- pero, en función del amor. Sin amor es muy fácil intentar dominar y no servir. El propio trabajo del hombre, si éste pretende dominar y no servir, se deshumaniza, y no se puede llamar -en rigor- humano. Lo propio del hombre es amar y, por tanto, trabajar por amor.

La relación trabajo-amor se centra en un trabajo con actitud de servicio. El trabajo humano equivale, en esta relación, a hacer el bien. Pero “no basta querer hacer el bien, sino que hay que saber hacerlo”. Por ello, la relación estudiada exige un trabajo hecho con competencia profesional, con perfección humana. No se espera de quien trabaja cualquier servicio, sino su mejor servicio. Saber servir

La propia labor profesional, realizada con aptitud y actitud de mejora, como actividad creadora –constructiva-, con esfuerzo, es una buena ocasión y es un buen medio para aprender a servir.

En la decisión (querer) y en el servicio (trabajar) coinciden nuestra libertad y nuestro amor en desarrollo. El trabajo es una ocasión de tomar muchas decisiones- en muchos casos, pequeñas decisiones- para mayor autodominio, para un mejor servicio. En toda decisión –enfocada desde la mejora personal- debe haber disposición (actitud de amar) y consecuencias de servicio (actividad), de algún servicio concreto, a corto o a largo plazo. Porque, no es posible amor sin servicio; sin traducirlo en obras de servicio.

Esto -en teoría- es muy sencillo: ser capaz de servir con el propio trabajo, porque se quiere. En la práctica, es algo más complicado, porque lo dificultan nuestras limitaciones personales: nuestra pereza, nuestro desorden, nuestra desgana o nuestra pasividad.

Por eso, aprender a servir requiere un esfuerzo personal tendente a superar las limitaciones personales y ambientales. Para la superación de mis limitaciones necesito destruirlas –tarea que debo realizar poco a poco-, aceptarme con ellas, y proponerme su eliminación sucesiva. Por ser muchas y además mutables las posibles limitaciones personales, es inútil querer hacer su inventario. Algunas pueden englobarse en la expresión “no saber”. No saber estudiar, no saber terminar bien lo que se hace, no saber pensar, no saber expresarse, no saber escuchar, no saber rectificar, no saber ayudar, etc. Otras podrían incluirse en la expresión “no tener”. No tener voluntad, no tener iniciativas, no tener gusto, etc.

Con respecto a la relación trabajo-amor, debiera ser prioritaria, la superación de aquéllas dificultades que obstaculizan el desarrollo de la capacidad de dar y de la capacidad de recibir. Quizá nos resulte más fácil descubrir estas limitaciones en los demás. No hace falta ser muy observador para detectar, en cualquier situación profesional, pequeñas contrariedades, faltas de civismo, pequeñas muestras de hipocresía, faltas de lealtad, incorrecciones en el trato, zonas de pasividad, prejuicios, pequeños bloqueos afectivos, etc.

Sin embargo, no podemos quedarnos en la enumeración de una serie de limitaciones – propias y ajenas -. Hemos de contribuir a su eliminación progresiva. Y esto equivale, inicialmente, a crear un clima de confianza en el trabajo o, a contribuir a su creación. Pero de esto, trataremos en el siguiente artículo.

  
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