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Educación y FamiliaLa libertad y el trabajo humano
Miguel Ángel Albás (Oct 14, 2008) Educación y Familia
El trabajo y la libertad son inseparables. El trabajo es aquella actividad humana que nos permite amar, que nos posibilita vivir en libertad, realizando aquello para lo que hemos nacido: crecer y crecer en el amor. Apenas se puede decir que existe vida humana en aquellos, que por las razones que sean, casi no trabajan. Porque no trabajar en absoluto, es prácticamente imposible, para un ser humano vivo. Conforme vamos creciendo en uso de razón y autonomía lo hacemos en libertad y, por ende, en capacidad de trabajo. Desde pequeños hemos podido adquirir hábitos de trabajo, como hemos adquirido musculación, conocimientos y destrezas. Con ellos, hemos desarrollado nuestra libertad y, con ella, la capacidad de amar.

¿Puedo negarme a trabajar, alegando que si he de hacerlo, es una clara manifestación de que no soy libre?... Aquí habríamos de distinguir: ¿te niegas a toda actividad o, a alguna en concreto? A todas es imposible porque, ya de por sí, el negarte es una actividad, un trabajo. Levantarte, vestirte, ir al baño, pasear, ver la TV…son de por sí actividades y trabajos que realizas. Algunos, porque no te queda mas remedio a causa de tu naturaleza, las otras, porque si no te aburres y te apetece realizarlas. Así pues, a veces,no puedo elegir porque sólo hay una opción, pero puedo aceptar libremente mi trabajo porque tengo motivos para ello. Decido trabajar, porque mi trabajo me proporciona valores que quiero conseguir. Necesito trabajar, entre otras cosas, por razones de autodominio y de servicio. Pero puedo hacerlo en libertad, entendida ésta como capacidad de aceptación. Como es obvio, no se trata de una aceptación pasiva, rutinaria, conformista del trabajo, sino de una aceptación activa.

De este modo, nada cambia aparentemente, pero es totalmente distinta la actitud con que se realiza ese trabajo. Es fruto de una decisión personal, no de una simple reacción por gregarismo o por obligación inevitable aceptada a regañadientes. Los criterios de decisión son los objetivos que se propone conseguir quien trabaja y con ese trabajo en concreto. Debemos destacar, evidentemente, los objetivos relacionados con la mejora personal propia y ajena. Así se acepta libremente un trabajo que es ocasión y medio de desarrollar unas capacidades humanas íntimamente relacionadas con la libertad. Pero esa misma aceptación exige un trabajo bien hecho y con actitud de servicio, para que en su ejercicio se desarrolle la propia libertad en el binomio autodominio-servicio.

El trabajo –que es esfuerzo necesario para algo necesario- no sólo es propio de seres libres, en cuanto es libremente aceptado, sino que sirve -como acabamos de ver- para desarrollar la propia libertad. Por ejemplo, el binomio autonomía-responsabilidad. Esto exige un trabajo hecho con cierta autonomía es su planteamiento, en su ejecución y en su evaluación. Un trabajo hecho, por su parte, con la responsabilidad correspondiente a la autonomía real, más las responsabilidades asumidas al aceptar ese trabajo concreto.

La oposición necesario-libre es pues, aparente en el trabajo. Es más, la relación trabajo-libertad es esencial para que exista un trabajo humano. Si destacamos en la libertad, la acción –como decisión y como ejecución de lo decidido-, la relación trabajo-libertad, ello permite considerar la acción como apertura de quien trabaja, como comunicación inteligente y respetuosa del hombre con el mundo de las cosas y de las personas.

Hemos visto, anteriormente, cómo esta relación exige un saber amoroso en el trabajo. Y un incremento-constante- de autodominio, no sólo mediante conocimientos, destrezas y actitudes positivas, relacionadas con el trabajo concreto, sino también mediante un saber más de si mismo. Este conocimiento propio se mejora en la actividad y en la relación. Por eso, la actividad laboral que sea, es una excelente ocasión para conocerse mejor a si mismo y para conocer a los demás. El trabajo, realizado con esta energía interior de ser libre, es fuente de conocimiento, de aceptación -propia y ajena- y de mejora. Es una posibilidad de entrega amorosa. De todas formas, el “para qué” de la libertad, nos abre a otros valores relacionados con el trabajo humano.

  
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