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Educación y FamiliaEl trabajo humano y la libertad
Miguel Ángel Albás (Sep 21, 2008) Educación y Familia
Para que exista trabajo humano, es necesario, que el hombre obre con libertad. Si el trabajo realizado por un hombre carece absolutamente de libertad no es, verdaderamente, un trabajo humano. El trabajo es por ello un importante medio, en determinadas circunstancias y ocasiones, de crecer en libertad. El trabajo humano ha de ser por ende, un trabajo inteligente y bien hecho, con actitud de servicio, para servir a los demás. El trabajo humano es aquel, que el hombre realiza libremente. La libertad es lo único, que es realmente nuestro, propio del hombre. Pero, ¿cómo es posible que el trabajo sea opción única para el hombre y, al tiempo, sea una actividad libre? ¡Hemos nacido para trabajar! ¡Entonces no somos libres!... Es nuestra libertad, la que nos permite hacerlo porque nos da la gana, porque es lo mejor. Hemos nacido para amar y, así, ser felices “obras son amores que no buenas razones”. El trabajo es la expresión acabada del amor. El trabajo bien hecho y con alegría.

La libertad es la capacidad que tenemos de inmergirnos y relacionarnos con los demás seres. Es capacidad de decidir y realizar lo decidido. Lo que nos lleva a ser obedientes a nosotros mismos. Es la capacidad de abrirnos a las cosas y a las personas. Capacidad, que podemos tener reducida al mínimo o desarrollarla al máximo. La libertad interviene en su propio desarrollo, es decir, que uno es mas libre si se empeña en ser mas libre y se afana en ser mas libre. Para ello, necesita dominarse a si mismo en sus obligaciones para con las cosas y con los demás.

El hombre comienza a ser libre con respecto a los fenómenos naturales cuando ha entrado en conocimiento de su íntima naturaleza. Es entonces cuando logra su domesticación mediante la técnica. Sin duda, pues, el saber libera. Conocer, saber nos permite crear. Es la máxima expresión de la libertad. Hacer algo que antes no sabíamos hacer. Para poder crear –realmente- tengo que penetrar en la intimidad de las cosas, no sólo en su apariencia. Todo saber libera pero, sólo el saber verdadero libera plenamente. Es el saber verdadero de quien no sólo posee conocimiento, sino también, comprensión. O lo que es lo mismo, vincularse con lo conocido con cariño y voluntad. Por eso,”las cosas muestran su secreto sólo al que las ama, es decir, al que entra en su interior”.

La libertad se fundamenta en el saber y en la voluntad enamorada. Y ello se produce tanto en la relación con las cosas –que por naturaleza para el hombre es de dominio- , como en la relación con las personas –que es, por designio, de servicio-. Sin embargo, se produce frecuentemente una inversión en las relaciones. Se intenta dominar a las personas y se está al servicio de las cosas.

Al único, que el hombre puede y debe dominar, es así mismo: autodominio. Para qué alcanzar el autodominio: para mejor servir. Si no soy capaz de dominarme a mi mismo, no soy capaz ni siquiera de amarme, y menos, de amar a los demás. Cuanto mas y mejor sirva, mas crecerá en mi el amor. Porque el amor cuanto más se es capaz de amar, es decir, cuanto más se da, más se posee. Por ello, cuanto mas amo, más feliz soy. Por eso, ser libre, es tener un mayor autodominio para un mejor servicio. Elijo lo que creo que es mejor y decido llevarlo a la práctica porque es lo mejor. Soy obediente a lo elegido.

De hecho, la libertad supone la posibilidad de llegar a realizar plenamente nuestras capacidades humanas. Es libertad presente –sobre todo-, “capacidad de elegir los medios necesarios para desarrollar nuestro fin personal” y libertad futura, meta definitiva de nuestra vida” Pero, ¿no son los fines, las normas, restricciones de la libertad humana? Nuestra libertad, al igual que nosotros, es una libertad limitada, condicionada pero, con vocación de crecimiento. Si no tenemos una meta que alcanzar, posibilidades de crecer, nuestras decisiones, tendrán -para nosotros- ningún valor real, no servirán para nada. “Bien triste es enorgullecerse de tener por fin, abiertos todos los caminos, de haber abierto todas las restricciones que antes obstaculizaban todos los caminos, si, al mismo tiempo, uno tiene la convicción de que ninguno de ellos lleva a ninguna parte…”

El ser humano necesita de los fines y de las normas como elementos que no limitan su libertad, sino que le ayudan a sacar el máximo partido de ella. Nuestra libertad es una libertad para crear –o construir-; para amar con un amor verdadero, bueno, hermoso, ordenado. “Esta claro que si un hombre no es libre no puede amar. Pero también debería tener claro que si no ama, no puede ser verdaderamente libre (…). Escoger cosas que uno no puede amar, que no puede siquiera respetar, es escoger una vida sin valores; es degradar a la propia naturaleza humana”. Nuestra libertad es la capacidad de elegir entre determinados vínculos. Pero uno, en verdad -sólo se compromete libremente- si los suyos, son compromisos de amor. Por eso, se debe insistir en que “el núcleo de los múltiples equívocos que sobre la noción de libertad se suscitan, tienen su origen en una deficiente interpretación del amor”.

  
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