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Educación y FamiliaLa libertad personal
Miguel Ángel Albás (May 31, 2008) Educación y Familia
Además de tomar conciencia de los puntos fuertes, valores o fortalezas que poseemos y de las debilidades, defectos o vicios que nos limitan, hemos de, apoyándonos en unos y superando, liberándonos de los otros, alcanzar la tan ansiada libertad. Libertad personal que se manifiesta mediante la facultad que tenemos de elegir. Es decir, que cuando elegimos es cuando materializamos, hacemos patente la libertad. Circunstancia ésta que, por otra parte, alcanza valores muy altos en la juventud, puesto que, representa la afirmación de la propia personalidad, ante si mismo, la familia y la sociedad. Pero, le elección implica la existencia de dos o mas opciones. Y este hecho, que parece tan simple, encierra, sin embargo, un valor de mayor trascendencia: hay que tener información de calidad para poder elegir bien.

Hace falta obtener información de calidad para poder elegir entre las opciones que se nos presentan para decidir nuestro estilo de vida, nuestro futuro. Ello implica que es necesario alternativas, distintos caminos, para que, cuando elijamos entre ellas, esa nuestra decisión libre de la voluntad nos permita ver satisfechas nuestras ansias de afirmación de la personalidad y, por ende, nuestra autoestima. Pero, sobre la información de calidad trataremos en otro artículo, cuando tratemos los factores externos: la familia y la sociedad.

Para ser responsables es preciso ser antes libres. Hemos de vivir nuestra mejora personal en libertad para poder sentirnos y ser responsables. No se vive una auténtica vida humana si no se vive en libertad y, en consecuencia, con responsabilidad. De lo que se deduce que no sólo hemos de desarrollar nuestras capacidades intelectuales o técnicas, sino también, incluso antes, las cualidades humanas. Lo que es lo mismo que decir que, a lo largo y desde el principio de nuestra vida, hemos de obtener los medios para formar y desarrollar la voluntad, la responsabilidad y la libertad, ¿Dónde? En las tareas que cada día hemos de realizar y, sobre todo, en los trabajos de tipo intelectual, en el estudio.

Cuando nos proponemos, firmemente, organizar las energías de que disponemos en dirección a un objetivo, alcanzamos unos resultados verdaderamente sorprendentes. El entrenamiento de la voluntad para soportar, en unos casos, las fatigas corporales y, en otros, hacer frente a las dificultades anímicas, se constituye en un medio eficacísimo para lograr autodisciplina, para lograr, el vencimiento y dominio de si mismo. En definitiva, lo que se consigue es ir configurando una fuerte personalidad.

Ahora bien, es preciso resaltar que todo acto volitivo alcanza su plenitud cuando la meta que hemos decidido conseguir se ve transformada de mera posibilidad, en hecho. Todo querer es una lucha con las resistencias que se oponen a la realización. Podemos llegar incluso a decir que cuando no hay que superar ninguna resistencia no existe verdadero querer.

Desde el punto de vista caractereológico podemos distinguir dos tipos de seres humanos. Unos que organizan sus fuerzas de modo que superan frecuentemente las resistencias que se les presentan, y otro grupo de gentes, que por no saber organizar sus recursos, no logran normalmente superar dichas resistencias. Entre los del primer grupo de individuos, es frecuente que suceda que, ante las resistencias, incrementen su atención volitiva. Son los individuos conocidos por enérgicos, que no tienen porque aparecer como personas agresivas y serias, sino más bien, con el cariz de serena alegría que les da el vencimiento de los obstáculos. Es frecuente, que a este tipo de personas les alegre el esfuerzo, están dispuestos a él, y se complacen en actuar hasta el grado extremo de su capacidad de rendimiento.

Opuestos a estos individuos están aquellos que, ante las primeras dificultades, renuncian a la lucha. Son los que no quieren molestarse (comodones, perezosos); son los hedonistas. Su tendencia se dirige hacia el placer y la comodidad, tratando de evitar las molestias que suponen cualquier tipo de esfuerzo. La cuestión reside en que estos últimos no poseen capacidad para la libertad y, en consecuencia, carecen de un sentido de responsabilidad.

  
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