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PRENSA  •  30-8-2004

Periodismo: La más Cruda Realidad
Alberto Calero

Fue hace ya muchos años cuando el periodismo nació en España, quizás de una manera tímida para adentrarse finalmente en los tiempos actuales. Yo, por razones lógicas de edad, no conocí el periodismo de antaño pero me ha tocado conocer el que ahora todos vivimos.

No creo que Larra, u otros grandes del periodismo, como por ejemplo, Luis Carandell, estén muy orgullosos de lo que ahora se llama periodismo y de los que ahora se hacen llamar periodistas, sino que estarán, allá donde estén, terriblemente decepcionados de ver lo que ahora es el mundo de la información.

Ya no existe vocación: existe fama. El periodismo se ha convertido en lo que ninguno de los grandes hubiera querido que se convirtiera, se ha convertido en un "coladero" de "personajillos" que irrumpen en la televisión y los medios de comunicación como "Pedro por su casa", no dudan en insultar, en pronunciar términos soeces, es decir, fomentan la zafiedad y no la cultura.

Pero olvidando todo ello, quizás sea mejor no generalizar, afortunadamente siguen existiendo periodistas de verdad, de vocación, no buscan fama, buscan la satisfacción de cubrir una noticia, buscan la libertad de expresión (que prefiero pensar que existe en su totalidad), son, en definitiva, personas que para mí, y, en palabras de García Márquez, realizan el "oficio más hermoso del mundo". Ser periodista es para mí (y seguro, para muchos otros jóvenes) un sueño, un sueño que nunca sé si cumpliré, me desanima ver el panorama actual pero no pierdo la esperanza, algún día creo que todo cambiará. Por ello pienso que es importante mantener a los periodistas de verdad vivos, tenemos que rescatar sus obras, porque así, estaremos, también, rescatando la parte más digna y seria del periodismo, olvidada, por desgracia, hoy en día.

Supuestamente, son los temas de crítica social y literaria los que a los españoles nos importan y digo supuestamente, porque tengo la duda que sean éstos los que realmente preocupan a los ciudadanos, si nos preocupan: ¿por qué escasean los programas de entrevistas y debates? Pues quizá sea porque de alguna manera los índices de audiencia nos dicen que lo que nos gusta no es eso, sino que más bien como decía antes, nos gusta el cotilleo. Pues sí, quizás cometamos el error de ver esos programas, y yo el primero, que dada mi edad, creo que es comprensible que caiga en la tentación en verlos, pero los veo, o los he visto porque es lo que me han dado durante la edad en la que uno está en proceso de madurar (ahora me doy cuenta de que lo que he visto no me sirve para nada, sólo me ha servido para apoyar indirectamente a esa gente que no ama realmente el periodismo, a ésos, que lo que aman, es la fama y el dinero). Es mejor, pues, no dar cabida a esas personas, no hablar de ellos, olvidarnos y darles importancia a quienes realmente la tienen, a quienes se lo merecen, pero para que eso ocurra tenemos que estar todos de acuerdo, estar todos a una y decir lo que queremos y lo que no queremos y si no lo manifestamos es, quizás, porque estamos contentos como estamos, viendo lo que vemos, alimentando nuestras cabezas con lo que no deberíamos, y lo que es peor, alimentando las cabezas de niños y adolescentes que ven en la televisión, o mejor dicho, en determinados programas, un lugar de ocio, entendiendo a éste como el bullicio de gritos y de insultos, que luego, quien sabe, quizás, repetirán en la calle. Quizás suenen muy duras mis criticas, yo mismo lo reconozco, ojalá nunca tuviera que afirmar todo ello, pero es que pienso que es la más pura y cruda realidad. Seamos realistas y digamos: basta, basta a la mentira, a lo soez, a lo aburrido, basta a los "famosos periodistas", que no a los periodistas famosos (cuidado con ese importante y esencial matiz). Ojalá todo, o parte de ese todo, cambie algún día, mantengamos la esperanza y pensemos que el periodismo será dentro de poco algo más digno y serio, algo que realmente merezca la pena, algo de lo que podamos estar orgullosos.