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SOCIEDAD 16-2-2004
El Cementerio Musulmán de Torrero en Zaragoza
Ángel Burbano
Nuestro cementerio de Torrero posee el tratamiento genérico de municipal. Todas las personas que fallecen, sin ningún tipo de distinción, son enterradas en él. Pero no siempre fue así; las creencias en la vida conducen las almas por caminos diferentes tras el óbito.
El cementerio de Torrero de Zaragoza nació en 1833, cuando comenzaron sus obras. Un año más o menos después se inauguró el 15 de julio de 1834 tras ser bendecido semanas antes por el Arzobispo Don Bernardo Francés Caballero. ¿Y antes del cementerio qué ocurría con los funerales? A falta de cementerios municipales las encargadas de semejante tarea eran las propias iglesias que contaban con sus propios lugares destinados a enterrar a los parroquianos. En los pueblos por ejemplo se enterraba a los suicidas en el lado de la iglesia donde siempre daba la sombra. Muchos benefactores de parroquias e ilustres personas reposan en los interiores de las edificaciones religiosas. Pero sobre todo por temas de salud, se acabaron creando cementerios comunes en las afueras de la ciudad. En nuestro caso, al sur de Zaragoza para que los vientos alejen los aires espiritosos y desde luego insalubres. Antes del cementerio de Torrero ya apareció un primer camposanto como medida rápida, y que con la misma celeridad se llenó. El cementerio de la Cartuja Baja se inauguró el 29 de enero de 1791 y es también el gran camposanto emblemático de nuestra ciudad.
Efectivamente todos eran cementerios católicos en un país que se jactaba de eso. Esa jactancia elevó un debate a la categoría de razón de Estado pues poco a poco se levantaban voces para admitir que no todos eran de la misma índole. De hecho la Constitución de 1869 admitía la libertad de cultos en España. El debate duró años. Al final el Estado promulgó lo que se llamaba entonces una Real Orden el 2 de abril de 1883 para que todas las localidades de más de 600 habitantes, ampliaran sus cementerios y reservasen un sitio a las personas no católicas. Se designó desde entonces a estos espacios, cementerios neutros (a la postre civiles). En nuestro camposanto de Torrero esta parte se encuentra en la esquina inferior del cementerio antiguo. Entrando habitualmente por donde están las oficinas del cementerio.
El siglo XX fue un siglo de guerras para todo el Orbe. España libró su propia Guerra Civil con el resultado de la victoria para los rebeldes sublevados con el General Francisco Franco que en 1936, estando destacado en el norte de África, se levantaron contra los inestables gobiernos centrales de nuestro país. El general más joven de Europa tuvo una carrera militar brillante, sobre todo en los territorios españoles de África. Conocía bien al enemigo de aquellos lares y se puede decir, salvando las distancias, que los hizo suyos. Pronto, entre las filas de los amotinados, que eran nada menos que las tropas españolas, se sumaron combatientes moros. Su ferocidad y arrojo en el combate quedó demostrada en determinas contiendas contra el ejército español, pero ahora la Guardia Mora de Franco era su predilecta y en las entradas triunfales a las ciudades eran la cabeza de los desfiles.
El cementerio de Torrero dedicó su primera ampliación, la primera zona que uno ve al entrar por la parte antigua, a los caídos de su bando. Una pequeña capilla donde se celebra una misa el día de Todos Los Santos remata las inmensas paredes de fallecidos. Justo al otro lado, conformando la esquina de esa zona, se enterraron los combatientes moros del bando Nacional. Así nació el cementerio musulmán de Torrero. Con el paso del tiempo ese terreno perdió importancia y se fue dejando poco a poco de lado. Tanto es así que llegó poco menos que a olvidarse por el Ayuntamiento de Zaragoza, responsable de todo el camposanto. El devenir de los años alentó a la flora y fauna para crecer a sus anchas hasta castigar fuertemente esa zona. Pero ¿quién se iba a preocupar de los musulmanes?. Esta pregunta tiene una respuesta, la inmigración.
La floreciente comunidad musulmana de Zaragoza emprendió hace lustros una reivindicación constante para que se tomaran las medidas adecuadas en la limpieza y actualización del cementerio musulmán de Torrero. En 2003 parece ser que ya se comenzaron a ver hechos en lugar de palabras. Quizás responda a la nueva política del Ayuntamiento de Zaragoza de haber separado las concejalías de Medio Ambiente, Residuos y Cementerios. Antes dirigidas por una misma persona. Ahora el cementerio de Torrero, y su futuro dependen en exclusiva de la recientemente nombrada concejala de cementerios MĒ Isabel López. De momento han comenzado nuevas obras de acondicionamiento y limpieza.
Aún queda mucho por hacer en toda la explanada. Dentro de Torrero, antes de llegar al camposanto musulmán sigue estando la zona de no católicos, preferentemente dedicada a cristianos evangélicos. Otras culturas como la china se entierran en las zonas más modernas ubicadas en los nuevos emplazamientos al Sur del cementerio. También en el llamado bosque de restos incinerados (entrada principal, a mano derecha) se han visto restos de rituales no cristianos. Es decir, Torrero es ya el cementerio de todos. Sólo queda que lo respetemos y no se destrocen a propósito las tumbas y esculturas que hay en su interior. Ésta una labor no sólo de los políticos, sino de todos los componentes de la sociedad.
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